Después de una noche de emociones,
Cuando despiertes por la mañana,
Piensa en mí, que estuve a tu lado,
Y hallaras mi perfume en tu almohada,
Abrázala fuerte y bésala con pasión,
Pues tus besos hallaran allí mi boca,
Y sentirás el aliento de mi amor en ella,
Hazlo, no dudes, no, no estás loca.
Habré llegado a tu lado sin escala,
Como un sueño en la madrugada,
Sentirás el cansancio de hacer el amor,
Y mi pasión en tu piel marcada.
Sabrás que tantas noches de sueños,
De deseos apenas contenidos,
Y de sentimientos imposibles de evitar,
Serán al fin en tu cama vertidos.
Duérmete pensando en mí solamente,
Pide a Morfeo, el Dios de los sueños,
Que te acune en tus brazos y me lleve,
Hacia ti, para ser de tu pasión el dueño.
Y en tus sueños relaja tu cuerpo hermoso,
Déjalo en manos de mis mayores deseos,
Ellos te llevaran desde un campo de flores,
Al más voraz de los fuegos.
Entre el aroma a flores frescas de tus besos,
Y el fuego, de tus coitos incontrolables,
Hallaras mi cuerpo excitado por el tuyo,
En una noche de amor interminable.
Cuando ya no queden fuerzas para más,
Cuando el deseo perezca ya satisfecho,
Inerte de amor y plena de sensaciones,
Te dormirás sobre mi enamorado pecho.
Luego como un fantasma en la madrugada,
Me marchare solitario al amanecer,
Pero tu, al abrazar y besar tu almohada,
Sintiendo mi aroma, me invitarás a volver.
Fabián Darío


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